Arcangelo Corelli, nacido en Fusignano en 1653 y muerto en Roma en 1713, cierra y abre dos centurias con su nombre. Llegó a ser un excelente violinista, desde edad temprana, realizando viajes por Italia, Alemania, Suecia (aquí trabajó como músico principal de la corte de la reina Cristina) y Francia, hasta que se instaló definitivamente en Roma en 1685. Maestro de música del cardenal Pamphili. Fue director de orquesta, desempeñando esa función en los festejos de la Academia del Disegno, tocó para Haendel en Il trionfo del Tempo (1704). En 1690 el joven cardenal Petrus Ottoboni, sobrino del papa Alejandro VIII, se convierte en su protector y amigo, teniéndolo en su propio palacio, en el que vivía y residía como huésped. Así tuvo bastante tiempo disponible para componer tan bellas páginas como las que escribió y dar conciertos. Se le ha llamado "el padre del violín moderno" y "príncipe de los músicos", siendo además inimitable en sus interpretaciones. Se le consideraba en Italia el músico más notable y los críticos contemporáneos hablaban de su hermoso sonido, de una increíble flexibilidad técnica y del fuego y brillantez de sus interpretaciones. Un testigo de los conciertos de Corelli describe al gran virtuoso con las siguientes palabras: "Nunca encontré ningún hombre que dejara salir sus pasiones de tal modo mientras tocaba el violín como el famoso Arcangelo Corelli, cuyos ojos a veces se tornaban tan rojos como el fuego, su rostro se distorsionaba, sus pupilas giraban como en una agonía y se entregaba de tal modo que no parecía el mismo hombre". Fue el favorito de la alta sociedad romana, sobre todo en la esfera cardenalicia, y honrado y festejado en todas partes, alcanzando los más altos honores, como muestra la inscripción de su sepulcro, colocado nada menos que en el Panteón de Roma, donde, entre otros inmortales, reposan los huesos del poeta romano Virgilio, del pintor Rafael y los de los reyes de Italia, habida cuenta que la autoridad eclesiástica consideraba para ello tener justos motivos para dar tales honores a sus méritos, ?por sus insignes cualidades y por su pericia incomparable en el arte de música?, como se especifica en su epitafio. Transmitió sus conocimientos a sus alumnos, que a su vez, mantuvieron incólumes en una línea ininterrumpida su técnica y sus principios. Las composiciones de Corelli muestran las mismas cualidades de distinción que tendrían sus interpretaciones. En sus obras estableció los fundamentos de la sonata y del Concerto grosso. Tanto G. F. Haendel como Juan S. Bach y muchos otros importantes músicos edificaron sobre los cimientos trazados por Corelli. El crítico J. Combarieu escribe acerca de él: "La importancia de Corelli reside en el hecho de que proporcionó progresos al estilo, o sea, al arte constructivo del período, la lógica y la frase del discurso musical. La nobleza y el carácter expresivo de sus adagios han sido elogiados frecuentemente. En sus sonatas para violín sólo habla con un lenguaje personal". Las doce sonatas que forman el Opus de Corelli, escritas para violín y bajo continuo, fueron las más famosas del Barroco, algo así como un verdadero best-seller de la época, y objeto por parte de sus admiradores de numerosas ediciones piratas, transcripciones, ornamentaciones y arreglos. Los ornamentos aparecieron escritos por diferentes compositores, algunos más o menos conocidos como Geminiani, discípulo de Corelli