Gilbert Becaud

Gilbert Becaud

Gilbert Bécaud (Toulon, 24 de octubre de 1927 - ? París, 18 de diciembre de 2001) fue un cantante francés cuyo nombre verdadero fue Gilbert Léopold Silly. Nombrado también como el señor de los 100.000 voltios A la edad de nueve años inicia su carrera musical en el conservatorio de Niza, en la cual desarrolló sus habilidades en el piano. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabaja en los clubes nocturnos con el seudónimo de François Bécaud. Trabajó para Jacques Pills (esposo de Edith Piaf) y allí compone sus primeras canciones. Su primer éxito musical fue con Mes Mains del cual colaboró con Pierre Delanoë. Otras canciones como Nathalie, Le jour où la pluie viendra y Et maintenant lo mantuvieron célebre gracias a su estilo musical juvenil y dinámico que con el tiempo se aproximaba a lo decadente y triste. Fue uno de los mejores cantantes franceses de su época y quizás uno de los más prolíficos junto con Edith Piaf y Charles Aznavour. Su mayor éxito, mundialmente famoso es el tema Et maintenant. La corbata a puntos, sus casi 400 canciones y su mano en el oído son imágenes que marcaron su estilo. Aquella corbata era para él un amuleto porque tenía su historia: Gilbert había estudiado piano y joven aún, buscaba trabajo. Al presentarse en un piano bar intentado lograr un empleo, el dueño del bar -que solicitaba un pianista- , le dijo que era imposible teniendo en cuenta que la imagen de etiqueta de su establecimiento requería el uso de corbata y el no llevaba. Como iba acompañado de su madre -quien llevaba un vestido azul con puntos- ella misma arrancó el volante de su vestido para confeccionarle de manera improvisada una corbata a su hijo, quien regresó al bar donde fue inmediatamente contratado. Después de aquel día Gilbert se presentó siempre usando una corbata de puntos. Trabajo esencialmente con tres compositores (letristas): Louis Amede, Maurice Vidalin, Pierre Delanoe, Gilbert apareció en escena siempre con el mismo piano, que poseía una particularidad: estaba ligeramente inclinado. Efectivamente, Gilbert estaba siempre dispuesto a observar la sala mientras estaba sentado al piano y para ello le solicitó a Jaques Dinnat (su escenógrafo) el hacer cortar uno de los tres pies del instrumento a fin de darle cierta inclinación necesaria, lo que fue efectuado por un artesano parisino. Esta inclinación a penas perceptible a la vista era suficiente para obtener el resultado deseado. Sin que ello afectara su interpretación o la del pianista que lo acompañaba regularmente: Gilbert Sigrist. Sus canciones, dotadas de un sentimiento profundo, dejaron ver la pasión de este extraordinario cantautor alcanzando el rango de clásicos de la música mundial y una buena parte de ellos fueron versionados a otros idiomas con el mismo efecto sobre el público

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