La Ópera francesa es el arte de la ópera cantada en francés y que se desarrolla en Francia. Francia tiene una de las tradiciones operísticas más importantes de Europa, con obras de compositores nacionales de la talla de Lully, Rameau, Berlioz, Bizet, Debussy y Poulenc, además de aportaciones de muchos compositores extranjeros, como Gluck, Cherubini, Rossini, Meyerbeer y Verdi. El género operístico francés se inició en la corte del rey Luis XIV con la obra de Jean-Baptiste Lully Cadmus et Hermione (1673). Lully y su libretista Quinault crearon la «tragédie en musique», una forma escénica en la que la música de baile y la escritura coral tenían un papel especialmente destacado.[1] El sucesor más importante de Lully fue Rameau y a su muerte tomó el relevo el alemán Gluck, que produjo una serie de seis óperas para la escena parisina en la década de 1770 que renovaron por completo el género. Al tiempo, a mediados del siglo XVIII, otro género fue ganando popularidad en Francia: la «opéra-comique», en el que las arias alternan con el diálogo hablado.[2] En la década de 1820, la influencia de Gluck en Francia dio paso a un nuevo gusto por las óperas de Rossini y una obra suya, Guillaume Tell, ayudó a fundar un nuevo género, conocido como «grand opéra», cuyo exponente más famoso fue Giacomo Meyerbeer.[3] Otro género, más ligero, el de la «opéra-comique» también gozó de gran éxito en manos de Boïeldieu y Auber. En este clima, surgieron las óperas de Hector Berlioz que lucharon, sin conseguirlo, por conseguir el éxito del público: su obra maestra épica, Les Troyens, la culminación de la tradición gluckiana, no tuvo una representación adecuada hasta casi cien años después de que ser escrita.