El rock progresivo (en inglés progressive rock, prog-rock) es un subgénero del rock aparecido al final de la década de los sesenta del siglo XX y que floreció durante la primera mitad de la década siguiente. El adjetivo progresivo alude tanto al carácter innovador que tuvo inicialmente el género (concebido como un paso adelante en el progreso de la música rock) como a la importancia que concede a la progresión musical: uno de sus clichés más característicos es el paso gradual, progresivo, de una sonoridad bucólica (acústica, medievalizante, folk, modal, de tempo lento) a otra urbana (eléctrica, tensa, acelerada, con influencia del blues y del jazz). Las composiciones progresivas se caracterizan por el uso de movimientos, como en las obras de música clásica,[1] y por la adición paulatina de nuevos instrumentos que van desarrollando los temas musicales planteados en la pieza y la improvisación, cercana a menudo a los cánones del jazz,[1] junto con un componente experimental heredado de la música electrónica.[1] Son características del género las canciones largas, los álbumes conceptuales, las letras ambiciosas, el virtuosismo de los instrumentistas y un uso prominente del melotrón y otros sintetizadores.[1] Aunque no todos estos rasgos se dan siempre, son habituales en las bandas que dieron forma al género, como Camel, Emerson, Lake & Palmer, Genesis, Jethro Tull, King Crimson, Pink Floyd, Rush, Renaissance y Yes.