Norah Jones
A finales de
1978 Ravi Shankar, maestro indio
del sitar, el mismo que enseñó a George Harrison los secretos de la música
hindú, terminó su relación de nueve años con una mujer llamada Sue Jones, una
enfermera profesional y promotora de conciertos del barrio de
Brooklyn.
El caso es
que de esa relación, el 30 de marzo de 1979 nació la pequeña Norah, y su madre,
lejos de pensar en reconquistar a Shankar, la bautizó con su propio apellido.
Norah y su
madre vivieron en un viejo edificio de ladrillos rojos en Nueva York hasta que
la niña cumplió cuatro años. Entonces se mudaron a Grapevine (cerca de Dallas,
Texas), donde vivió hasta los veinte, con su madre, que entonces se dedicaba a
supervisar guiones de TV. En su casa nunca faltaron discos de los clásicos del
blues y del jazz: Billie Holiday, Etta James, Aretha Franklin, Ray Charles, Bill
Evans, Joni Mitchell… A la influencia musical materna hay que sumar la que
recibió de su abuela, una apasionada del recio country de los outlaws, desde
Hank Williams a Willie Nelson. “Mamá siempre trató de darme todo. A los 11 a
ella se le ocurrió que quería ir a vivir a Alaska. "Cargamos un auto y nos
fuimos, como Thelma y Louise. No matamos a nadie, pero a los seis meses
estábamos de vuelta”.
Como se
dijo, su madre cinceló su gusto musical: “Empecé escuchando los discos de mi
mamá: Etta James y Aretha Franklin, cuando iba a quinto grado. A Joni Mitchell,
en el instituto,y a Billie Holiday en la universidad. En el secundario quieres
estar deprimida. Nunca quise encontrar música para fastidiar a mis parientes. Mi
mamá escucha música cool. Supongo que lo único que no le gustaba de lo que yo
ponía era Nirvana, porque le parecía muy ruidoso”. Con ese espíritu, Norah
empezó a estudiar canto y se sumó al coro de la iglesia para cantar gospel, al
tiempo que iniciaba las clases de piano y saxofón (a los siete). Estaba lejos de
ser una alumna modelo: era bastante vaga y dejó el estudio varias veces. Sin el
esfuerzo de su madre, su abuela, y sus profesores Renetta Frisque y Julie Bonk,
probablemente hubiese abandonado el camino musical.
Cuando
creció se matriculó en una escuela de artes y nunca faltaba en las actuaciones
para cumpleaños y concursos musicales. Además, como buena texana de adopción, le
encantaba cabalgar. Su primer contacto con el jazz lo tuvo en Dallas, al
ingresar en su adolescencia en el Instituto Broker T. Washirable. En 1996 y 1997
ganó varios premios de interpretación y composición para
estudiantes.
Al finalizar
el instituto se anotó en la Universidad de North Texas, donde estudió piano y
teoría en el programa de jazz. Allí se especializó en teclado de jazz y formó su
primer grupo. De ahí pasó a tocar el piano y cantar regularmente en un
restaurante italiano. “La gente siempre me pedía canciones de Sinatra –recuerda
Norah–. La única que no podía cantar era ‘A mi manera’. Suena maravillosa en la
voz de Sinatra, pero yo iba a quedar como una idiota diciendo: ‘… lo hice a mi
modo’. ¡Soy una veinteañera, apenas me permiten beber! No tengo las pelotas
suficientes para cantar eso”.
Por entonces
tuvo contacto con las nuevas estrellas pop adolescentes. “Britney Spears
apareció cuando yo estaba en la universidad y me disgustó un poco.
Recuerdo que
ví fotos de ella cuando tenía quince
y me parecieron pornográficas. Realmente me perturbaron"
A pesar de
eso, no tengo prejuicios hacia la industria de la música. ¡Lo único que sabía
era que me gustaba Billie Holiday y que iba a ser una pianista y cantante de
jazz, maldita sea! Yo era una nerd total. Ahora sigo sin escuchar ese tipo de
música, pero no tengo problemas. Britney creció y puede hacer lo que quiera. El
problema es que las discográficas están tan preocupadas por la imagen que se
olvidan de la voz. Por eso, la mayoría de los cantantes no suenan bien, no
parecen honestos. Parecen estar más interesados en ganar dinero que en ser
verdaderos artistas
La relación
de Norah con su padre nunca estuvo del todo clara. Su madre decidió tenerla como
madre soltera, nunca quiso casarse con él ni le puso su apellido. Sin embargo,
años más tarde, Shankar se quejaría de que Sue sólo le dejó tener contacto con
su hija hasta los cinco años. Cuando Norah fue mayor de edad (había estado una
década sin contactarlo) pudo “conocerlo” de nuevo y tomar contacto con su
música. “No me gusta hablar de él porque no tiene nada que ver conmigo ni con mi
música”, asegura. Y agrega: “Por eso no puse mi parentesco en la primeras
gacetillas de prensa, aunque no lo niego. No quería tener éxito por esa vía. No
creo que podamos actuar juntos porque tenemos estilos muy diferentes. Lo mismo
vale para mi media hermana, su hija Anoushka, que tiene más o menos mi edad, es
mi amiga y una cantante exitosa”.
Con veinte
años cumplidos, Norah volvió a Nueva York para unas breves vacaciones y ya no
quiso volver a Texas, para disgusto de su madre. Poco antes había tomado
contacto con un grupo de músicos de aquella ciudad y quedó prendada. Una vez en
“La gran manzana”, pronto hizo pie en el fértil circuito de garitos de
conciertos de Greenwich Village y colaboró con diversas bandas. Durante dos años
se ganó la vida cantando en salones de jazz, almuerzos y happy hours, muchas
veces ante menos de quince personas y cobrando sólo de las propinas que les
daban los parroquianos. Sin embargo, en esa época supo que quería vivir de
cantar en vivo y que iba a hacer todo lo posible por lograrlo. “Al principio
estaba deprimida, pero a todo el mundo le pasa cuando se muda a Nueva York. Todo
es muy caro y es difícil ganar dinero. Pero empecé a salir y a escuchar un
montón de música fantástica, conocí a gente estupenda y quedé tan encantada que
decidí no volver a casa”.Fue así que abandonó la universidad, empezó a escribir
sus propias canciones, formó parte del combo de funk fusion, Wax Poetic, y
finalmente montó su propio grupo con el bajista Lee Alexander, el guitarrista y
compositor de Don’t Know Why, Jesse Harris, y el baterista Dan Rieser. Por esa
época se estabilizó como cantante en el club nocturno The Living Room.Pronto se
enamoraría de Lee y, sin perder tiempo, se pusieron de novios. Se compraron un pequeño apartamento en Nueva York.
En uno de
esos conciertos “gastronómicos” la escuchó Shell White, miembro de la
discográfica EMI, una noche del año 2000. Al hombre le gustó lo que oía y le
pidió un demo con sus canciones. Este se lo llevó a su amigo Bruce Lundvall,
director de Blue Note, el reputado sello de jazz. Y acertó, porque esa compañía
estaba en la búsqueda de nuevos artistas, lo que ahora se llama jazz-informed.
La propuesta
de Norah no podía ser más tentadora: una voz joven y sugerente, plena de cálida
sensualidad, cantando casi como si desvelara algún íntimo secreto. Lundvall la
contrató con haber escuchado apenas tres canciones de ese cassette y le encargó
al productor Craig Street que trabajara el material de Norah y la rodeara con
instrumentistas de lujo. El resultado, mucho más pop que la versión final, no
convenció a nadie y Lundvall le encargó a su productor estrella, Arif Mardin,
una nueva versión, que se concentrara en la voz. El paquete estaba listo y “Come
away with me”, su debut discográfico, salió a la venta en febrero de 2002, sin
campañas masivas, ni un hit agresivo sonando en todas las radios. Sin embargo,
el boca en boca hizo su trabajo y el disco se empezó a vender cada vez más. Para
el otoño ya había sobrepasado el millón de copias vendidas y todos estaban
maravillados. Por eso, Lundvall casi se cae de espaldas cuando la muchacha se
presentó en su oficina para pedirle por favor que se suspendieran las ventas.
Obviamente le dijeron que no. “Sé que estuve un poco ingenua con ese pedido.
Pero había entrado en pánico. Virgin Records se había hecho cargo de la
distribución y la promoción y querían lanzar un remix espantoso del tema ‘Don’t
know why’”.
“Come away
with me” se publicó finalmente en febrero de 2002, obtuvo buenas ventas y
críticas en los Estados Unidos, también se convirtió en platino en Holanda,
Australia, Portugal y Hong Kong; doble platino en Gran Bretaña, Irlanda y
Singapur; y quíntuple platino en Nueva Zelanda. El total de ventas alrededor del
mundo sobrepasa los 18 millones de copias. Además, fue la gran triunfadora de
los Grammy entregados en 2003, con sus ocho estatuillas ganadas.
Norah Jones
afirmó que el éxito mundial que tuvo con su primer disco, “Come away with me”,
fue estresante “… fue muy loco, y yo no sabía qué diablos estaba pasando. Era
como un gran vendaval. Ahora me alegro de no estar ahí. Pero cuando miro atrás
tengo buenos recuerdos. Cuando fiché por Blue Note me preocupada por si los
puristas del jazz iban a machacarme, porque el disco no es de jazz en absoluto.
Yo lo sabía y ellos también. Pero no quería estar en un sello de pop porque sé
lo que eso conlleva. No quería tener que hacer videos, no quería soportar la
presión de tener que vender millones de copias. Nunca he querido ser una
celebridad. Si lo hubiera querido no habría firmado con ellos”. El problema es
que a Norah la fastidia trabajar de estrella: “Los de la discográfica me
convencieron para que hiciera un video y muchas otras cosas que no quería.
Después pretendían que lo hiciera de nuevo, más largo y más grande. No me
parece. Ni siquiera quería hacer el primero. Ojalá pudiera hacer como el grupo
Gorillaz, que sólo salen en dibujos animados. Claro, es lo que se supone que hay
que hacer para que te escuche mucha gente. Pero para ser honestos, mi disco lo
escuchó mucha más gente de la que nunca soñé. Bueno, ya está bien. Ya basta. En
serio, estoy enferma de todo eso de la promoción y el éxito. Orgullosa, pero
totalmente harta. Quiero ver el fin de esto. Sé que será en unos cinco años y
entonces andaré por ahí diciendo: ‘Hey, ¿se acuerdan de mí"’. Por eso aclaro que
no me estoy quejando. Pero nunca firmé esto. Quiero ser parte del suceso, pero
no con todo el trabajo que conlleva”.
“Estoy muy
orgullosa de mi primer disco, pero estaba lista para algo un poquito diferente.
Esta vez mi música no es tan quieta ni melosa, aunque aún es bastante discreta”.
“Feels like
home”, el disco sucesor del exitoso “Come away with me”, salió a la venta en
febrero de 2004. Sobre el mismo aclara: “En los últimos años hemos escuchado
bastante música country. El disco salió así, no fue premeditado. No busco de
manera específica las raíces estadounidenses porque están ahí. La música que me
gusta es el folk, el jazz, el country y los viejos blues. Todo proviene de estas
tres fuentes”. Pese al éxito de su disco anterior, Jones advirtió que las
expectativas que tiene con su nueva producción son bastante modestas.“¿Qué más
puedo hacer" Si tengo grandes expectativas puedo desilusionarme. No estoy
preocupada por el disco. Nos divertimos haciéndolo y eso es lo más importante”.
En su
primera semana vendió más de un millón de copias solo en Estados Unidos. Desde
su lanzamiento en Febrero de 2004 y hasta Agosto de ese mismo año, el disco
había vendido 8 millones de copias en todo el mundo batiendo todos los records
establecidos, siendo nº 1 en 28 países de los cinco continentes.