Hija de un músico argentino que llegó a España como exiliado político, Nubla nació y creció en el ambiente de tierna locura y fraternidad de diversas comunas, siempre rodeada de artistas y con los oídos abiertos a las improvisadas jams que se desarrollaban a su alrededor. Llegaron después los años de formación y unos estudios de solfeo, piano y canto que nunca acababan de llegar a buen puerto. "Era un desastre con la disciplina " -admite Nubla. Tras años de estudio, llegó el interés por el teatro y, ahora sí, de nuevo el cante y la vocación de crear una propuesta en la que estas disciplinas queden imbricadas con naturalidad, sin que se aprecien dónde están las puntadas de la costura. Al tiempo que Nubla daba brillo a su talento, con apenas dieciocho años, la joven barcelonesa se independizaba ("era una loca, una kamikaze sin miedo a nada. Pasé unos años de vida bastante loca y bohemia?) y empezaba una carrera artística que ha conocido episodios muy diversos. Teatro infantil, coros para ópera, actuaciones como bailarina en televisión, recitales poéticos, cabaret en el Arnau de la capital catalana, colaboraciones con La Fura dels Baus e interminables giras con varios grupos. Muchas experiencias (atesoradas, nunca simplemente acumuladas) y poco tiempo vivido.