La trayectoria de Óscar Mulero como Disc Jockey es tan prolífica y duradera como el progreso de la música de baile en nuestro país. Referente obligado dentro de este desarrollo, Oscar ha evolucionado siempre junto a las tendencias y ha sabido leer como nadie el avance de la música electrónica de baile, desde finales de los 90 hasta nuestros díias. Hoy en día, es imposible entender el mundo del D.J, un sector con tantos seguidores, sin tener en cuenta su inagotable trabajo tras los platos desde hace ya más de una década. Su viaje comienza a finales de los 80 en los clubes más innovadores de Madrid: Imposible, Capital, Kitch y Babia, arriesgados precursores de la escena nocturna más original y underground. En el 91 comienza a pinchar en la sala New World, el After-Hour más emblemático e influyente de la capital, lugar en el que empieza a aumentar el interés por estos estilos. A mediados de los 90, gestiona y supervisa la sala Omen convertida rápidamente en el templo electrónico del momento y alma mater de la introducción de la electrónica más hipnótica en nuestro país. El cierre de esta sala supone un punto de inflexión dentro la carrera profesional de Ócar. Desde ese momento, y una vez más leyendo hacia dónde se dirigían las nuevas tendencias, comienza a realizar sus sets por toda la geografía nacional, dejando a un lado el techno envolvente y lisérgico que le caracterizaba, para decantarse por un estilo más rudo, directo y minimalista, directamente influido por la onda Detroit de Mills o Beltram.