Pedro Guerra

Pedro Guerra

Pedro Manuel Guerra Mansito (* 2 de junio de 1966) es un cantautor español. Nace en Güímar, Tenerife (Canarias), hijo de Pedro Guerra Cabrera, primer presidente del Parlamento de Canarias, y de Lourdes Mansito Pérez, el 2 de junio de 1966. Simultaneará sus estudios en el colegio y el instituto con los de música en la filial de Arafo del Conservatorio Superior de Música de Tenerife, pasando a la sede principal del mismo en Santa Cruz de Tenerife para estudiar guitarra, instrumento que cursará hasta cuarto curso junto al de solfeo. Con 16 años comienza sus actuaciones públicas en diferentes fiestas populares de la isla. Su primera actuación de importancia tuvo lugar en las fiestas patronales de Güímar junto con otros grupos canarios importantes como Taburiente y Los Sabandeños, y el cantautor Luis Eduardo Aute. Ya desde esta época contará con la colaboración ocasional del teclista Luis Fernández. A los 18 de años de edad se muda a la ciudad universitaria de La Laguna, donde se incorpora a su vida músical. Allí conoce a muchos otros cantautores entre los que se encuentran Andrés Molina, Rogelio Botanz y Marisa Delgado. Es precisamente junto a estos tres músicos con los que Pedro Guerra forma Taller Canario de Canción en 1985. Marisa abandonaría el grupo un año después quedando el trío que es más conocido.

Letra de Hay Mil Maneras De Derrotar A Un Hombre
Pónlo de rodillas a un hombre en su trabajo,
pónlo en un aprieto de luz por resolver.
Sólo con un rasgo de nieve en el querer,
ese hombre está acabado.

Puedes disparar a un hombre sin ser visto.
Puedes darle un golpe de crisis en la sien.
Sólo con un seco rasguño en el querer,
ese hombre habrá caído.

Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.

Puedes rescatar los daños del pasado,
puedes por convenio dejarlo sin comer.
Sólo con un brote de sangre en el querer,
ese hombre está doblado.

Puedes ignorar la angustia de sus hijos,
puedes darle largas al signo de su piel.
Sólo con un aire de olvido en el querer,
ese hombre habrá caído.

Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.

Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.

Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.

Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.
Caído al suelo, caído al mar, al pozo oscuro de la soledad.

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