CHILE y su música para un terremoto
Temas 162 (09h 56m)
Oida 5.585 veces

Radio CHILE y su música para un terremoto

guardar | cancelar

Nací mirando hacia el Estrecho de Magallanes. Mirar el mar en Chile es mirar hacia el Poniente, al oceáno Pacifico...pero en la Patagonia mirarás al Oriente. Mis primeras risas fueron junto al Rio de Las Minas, en mi primera tierra Austral, la de las pampas y canales. Allí fui un huérfano a edad temprana y un hijo al que le sobraron las madres en una ciudad de viento y nieve, ahí conocí ese viento conocido como borrasca, ventisca, ráfaga y fría brisa de todos los nombres de la nieve que cubren cada invierno a Punta Arenas, puerto de inmigrantes y epopeyas. Conozco cada rincón de este territorio elevado sobre el mar de Chile como una cornisa en las que anidan las aves y nosotros. Ahora estoy de pie sobre este paisaje al pie de la montaña, mirando el puro amanecer de la cordillera de Los Andes... de majestuosidad solemne. En sus poderosos macizos y farellones se inicia cada mañana el destello temprano de las nubes. Vivo entre sus pliegues - la precordillera - pero no estoy solo; dentro de mí están todos mis muertos y sus muertos con historias y epopeyas de los conquistadores o la travesía de los colonizadores, navegantes y pasajeros de frágiles naves, gente buena que fue primera piedra buscando mejores días en la pampa patagónica, las costas fragmentadas, los desiertos más secos del mundo y que sin embargo florecen al pie de los volcanes vociferantes, ellas - las flores - son mecidas como cunas por el viento amable del Valle Central en las dehesas apacibles y quebradas insondables pues cavernas de ríos subterráneos nos sostienen. Y está el chile minúsculo de las familias con sus mitos y verdades que no se cuentan, las razas nativas, exóticas, de inmigrantes y criollos con sus odios resentidos, sus horrores perversos y su miseria naif . Todo esa insanidad que se procrea lujuriosamente en la loca geografía con sus desheredados tóxicos, autócratas de imbunches y cahuines, la matriz amable de su rigurosidad en las instituciones republicanas que sostenemos con valor precario. Desde aquí bajan los ríos en los que jugué primero en un Atlas del Instituto Geográfico Militar de mentiroso azul color, esos mismos que van a la mar-el mar, hermafrodita que se extiende al horizonte infinito del océano Pacífico de multicolores dorado tornasol hasta el azul negro y el oscuro olvido de nuestros muertos. Cada cierto tiempo ese mar territorial nos baña, sube por nuestras aldeas costeras, nos da y quita lo que le place... silllas de playa, mesas del comedor diario, viviendas y familias pero también nos broncea y sonroja con sus crepúsculos cada día cuando susurramos;... te amo... palabras multiplicadas como la arena de sus playas de arena oscura. He subido a las alturas nevadas de la cordillera, hasta donde los nativos cumplían el rito de la muerte en ese aire tan tenue que apenas se logra respirar y el hielo parece que flotara. Busqué en la selva impenetrable el sepulcro de mi bisabuela; Luisa Duve Grothe al canto de un pájaro desconocido. Era su espíritu. Fui al Valle de la Luna a la hora del crepúsculo y sobre la duna más alta, esperé que apareciera a esa inmensa Luna llena y roja en la Cordillera de la Sal. Sobre este territorio me creció experiencia de planetaria, diplomas, estrellas fugaces que cayeron en la nieve donde estaban mis deseos y trofeos, arrugas, uñas y barba más insistente que el ciclo de las cuatro estaciones, sabiduría de muertos y vida estrepitosa en el universo de tus pensamientos mientras me lees. Me multipliqué, planté los árboles que me pedían; un palto, un ciruelo y una parra, escribí dolores y alegrías, también muchas mentiras. Me crucifiqué y me bauticé tres veces en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Maldije la cordillera, la costa señor, la paz y la guerra, lo franco y lo veleidoso...la nube pasajera, madres y esposas, partos, difuntos y asesinatos;... fue mucho el dolor, compadre, cuando la mancillaron esos traidores. Pero fueron más intensas las luminosas... el claro del mediodía en los sótanos de las catedrales y los besos ardientes que son siempre primeros...porque este fragmento de placa flotando sobre el magma hirviendo, es lo más nuevo sobre el planeta... lo más cercano a un primer amor...es apenas capullo asomando como una flor de futuro esplendor. Sobre esta misma flor me detuve solemne, con mi hijo frente al Estrecho de Magallanes para decirle que nací en la Patagonia, en la Tierra del Fuego Austral ...del fin del mundo y que a él también pertenece a esa patria de todos los míos, incluyendo los témpanos, caiquenes y huanacos y le pertenecen por voluntad de sus antecesores, quienes mirando la estela de las toninas, el témpano de Kanasaka, conquistaron para él, el futuro de los amables y victoriosos que vagan en las autopistas, en los motores, las pipas de vino, los volantines y abrazos, la dura escarcha y el vaho. Yo soy Rubén, a secas... pero también soy Julio Rubén; mi padre, Raquel Edith; mi madre...mi abuelo; Miguel Cárcamo de Maullín, Auristela Álvarez - Álvarez de los grandes - y de los Gallo de la República Radical - Leopoldo Bourgade del Bourdeaux francés e Isidora Olivares de La Serena, del valle del Elqui; mis abuelos todos ellos. También volveré a ser de Punta Arenas, de Valparaíso y de Quilpué, cuando a mis hijos los sacuda la tierra y sus miradas busquen alguna explicación en la selva, la cordillera, salares, geiser y los volcanes. Miraré a través de sus ojos... sí señor. Mi tierra es nueva... geológicamente hablando... y nos pare con sus cataclismos frecuentes, nos maltrata pero nos da el cielo, su nieve, su lana y sus aguas o el vino por donde navegan los sueños del futuro,...... en ella tenemos el soporte para levantarnos siempre; así nos arrasen los temporales, nos hielen en las cumbre o nos sepulten bajo tierra, incluso bajo la tierra del fondo del mar cantaremos nuestro himno. Somos cardumen, manada y bandada invencible. No nos somete el océano...Nos remece la tierra para recordarnos que le pertenecemos...que estamos hecho de su mismo granito...somos energía telúrica para levantarnos... cada vez más templados, resueltos...perpetuos hasta el fin de los tiempos. Y sé que esta emoción primaria vale para cualquier lugar del mundo pese a mi amor desaforado a mi bandera, a mis héroes eternos y a mi corazón chileno. Bendita sea la tierra que amo. Bendita sea.

Creada por arquidios

Crear cuenta


  • Mínimo 6 caracteres




Radio Online

Pop
Rock
Indie
Urban
Clásica
Electro
Jazz
    Español Otros
    2010
    2000
    1990
    1980
    1970
    1960
    1950